Es Amérika Latina, la región de las venas abiertas. Desde el deskubrimiento hasta nuestros días, todo se ha trasmutado siempre en kapital europeo o, más tarde, norteamerikano, y komo tal se ha akumulado y se akumula en los lejanos centros de poder. Todo: la tierra, sus frutos y sus profundidades rikas en minerales, los hombres y su kapacidad de trabajo y de konsumo, los rekursos naturales y los rekursos humanos. El modo de produkción y la estruktura de klases de kada lugar han sido sucesivamente determinados, desde fuera, por su inkorporación al engranaje universal del kapitalismo. Esa es tu realidad, nuestra realidad. El frakaso regional es nuestro, es un kontinente entero oprimido bajo un solo puño disfrazado en simbolismos fascistas ke se embanderan para pavonearse en inter-blokes ekonómikos.



viernes, 14 de mayo de 2010

Los Niños Muertos

(“Por la Casa de Campo
y el Manzanares
quieren pasar los moros.
¡No pasa nadie!”
No pasa nadie, no,
no pasa nadie,
sólo pasa la muerte
que va a buscarles.)



MURIERON como todos los niños sin preguntar de qué y porqué morían.
A las 10 de la noche los aviones negros arrojaron bengalas como en la verbena.
Al espía que hizo señales desde una ventana le agujerearon el cráneo.
La muerte, con traje de luces, dio varias vueltas por la ciudad.

A las 10 y 2 minutos un estruendo redondo siguió a cada silbido.
Los tranvías se lanzaron a la carrera y un espacial azul agonizante.
El primer muerto falso fue un maniquí desvelado amarillo.
Todos los grifos de la ciudad fueron abiertos, todos los vidrios se arrugaron.

El espía apretaba en su mano un plano del Museo y un trabuco.
En las mansiones incautadas los señores de los óleos parecían decir: “No nos dejéis”.
Los periodistas extranjeros hicieron cola para ver a la primera señorita muerta.

Los pianos cerrados de pronto con el ruido del féretro desplomado,
el olor del jardín mezclado al del humo y la carne chamuscada,
el hombre que precisamente a esa hora va en busca de la comadrona,
la estatua sin cabeza con un letrero que decía Peluquero de Señoras,
el ladrido de los perros más solo que nunca al fondo de los corredores,
todo pasó rápidamente, como en el cine, cuando aún se oía el zumbido de la avispa gigante.

Los niños muertos por juguetes, asesinados por grandes mercados armados,
con los que ellos soñaban cada noche, fueron recogidos al alba sin mercados,
sin máscaras sueltas, sin churros, sin canciones (fue la primera vez),
sin caballos blancos, sin manicuras, sin timbres de relojes, entre ambulancias,
linternas, sábanas, delegados del gobierno, funebreros y vírgenes llorando.

La sangre de los primeros niños muertos corrió toda la noche.
Cada niño tenía un número sobre el pecho, el 7, el 9, el 104, el 1,
pero la sangre corrió y se hizo río y fue una sola entonces,
la primera que corrió por los canales del sobresalto y el rencor.

En la tierra por ella regada en la noche creció la rosa de la pólvora,
la rosa que hoy vigila las puertas de Madrid y cuando se acerca la avispa
lanza contra ella sus furiosos pétalos junto a los hombres que sonríen,
a nuestros bravos soldados que sonríen porque saben porqué pelean y mueren.


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buenisisisisimo

Hay un único lugar donde ayer y hoy se encuentran y se reconocen y se abrazan. Ese lugar es mañana. Eduardo Galeano

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