No sé ke pensé kuando konocí a esa pendeja. kreo ke le hice un favor kuando la invite a salir. Decía ke me kería. ¿kererme? Si no me daba libertad; no me dejaba estar un rato con los pibes eskabiando en paz o jugando un rato a las kartas. Pero por suerte duró poko. ¡kómo le dejé la jeta! Ella sabía ke lo hacía porke la kería. Siempre lo dije: Más vale un buen golpe a tiempo, ke terminar subordinado por una mina.
Ella me decía ke había llegado para kambiarme la vida, ke estando juntos nada ni nadie podría doblegar nuestro amor. ¿ké sé yo?. No fue difícil olvidar su sexo rutinario; siempre aparecía alguna amante desolada ke me hacía sentir millonario por un instante, aunke sea en un viejo kolchón y por un par de horas. Nunka estuve solo. La soledad se apiadó muy rápidamente de mí, konvirtiéndose en el kompañero más ruin ke pude haber tenido en mucho tiempo. Viejos konocidos se transformaron en íntimos amigos, y kon la velocidad ke impone la desesperación de sentirse akompañado enkontraron la forma de mantenerme al margen del destino, de hacerme dormir eternamente sin la necesidad de despertar, de sentir el mundo lejos de mis pies y muy kerca de mis manos. Descubrí ke podía observar al mundo sin ser deskubierto, ke podía kaminar por una senda diferente a la del resto de los mortales. Podía volar sin sikiera despegar y ver todo desde muy arriba.
Poko a poko me fui entregando a las delicias de ser un solitario, alejado de los kompromisos y de la estúpida definición de persona responsable, ke le koloka este sistema a toda akella persona okupada en malgastar su tiempo en un empleo inmundo o aburguesado en el kómodo sillón de la kasa de su novia, komo si eso fuese realmente la vida. Me reía de todo akel ke tan solo atinara a imaginar tan terrible disparate. ¿Eso era vida? Esto es vida.
Nada se komparaba a un porro con los pibes, kolgarte un par de horas en kualkiera o estar re-duro un fin de semana. Todo era un Flash, era komo una montaña rusa lenta en la ke los koches se deslizaban sin hacer ruido, donde una músika suave y placentera akompañaba kada uno de los movimientos, un vuelo suave y eterno sobre un cielo plagado de inmortalidad. Pero kuando volvía, kuando me estrellaba de nuevo kontra el piso, kuando las drogas se akababan y había ke comprar más o bankársela, ahí komenzaban mis angustias eternas, insoportables. Odiaba dejar de volar para volver a kaminar. No podía entender ke disfrutar fuese kompartir, ke se pudiese reír sin fumar o ke alguien fuese capaz de soportar la intensidad emotiva ke genera la tristeza o la felicidad, sin la necesidad imperiosa de evadirla. Necesitaba eskapar, pero estaba solo, sin ningún lugar a donde ir.
El tiempo pasaba y la droga iba eskaseando. Robar se había konvertido en una kostumbre a la hora de konseguir más y más. Yo no era ese, nunka lo fui. Se estaba haciendo demasiado tarde para todo. kería una mina, necesitaba una. Mi mente me pedía una kompañía, mi piel exigía una karicia, pero mi cuerpo me imploraba y me obligaba a más, más y más. Debía hacer algo, tenía ke dejar todo ahora, pero siempre optaba por seguir kon la humillante karrera del perdedor, la que ganaba holgadamente kon el orgullo de ser el mejor.
Lo mejor era volver ha estar kon alguna minita, pero en ese estado no iba a llegar a ningún lado. Estaba preso en mi mismo, encerrado en mi pequeño mundo; me sobraba el espacio, pero no me sentía solo, aunke tampoko del todo akompañado. Yo podía salir de esta, un pibe komo yo no necesitaba más ke desearlo para lograrlo, proponérselo y listo, nada más. Dejaba la falopa y ya estaba de nuevo en kamino, komo si nada hubiese pasado.
Dejé de tomar por un par de días, pero nada, estaba desesperado. Me encerré en kasa y no salí por semanas, perdí todo tipo de kontakto kon el mundo exterior, akel del ke me sentía tan ajeno, pero nada. La angustia era peor que kualquier remedio kasero. Pensaba en mis ratos de hipókrita lucidez komo hacerlo,komo huir, hasta ke al fin deskubrí la forma de no konsumir más. Estaba seguro ke si tomaba mucha, mucha y de la buena, me iba a askear de todo, iba a ser komo un empacho, nunka más necesitaría tomar, no podía fallar. Y así fue.
Fui a lo del Pollo kon lo mejor de la mejor y me la tomé toda, toda, toda, de un sake, toda junta, sin parar. No podía ni respirar, no tenía más lugar para nada. Me temblaba kada centímetro del kuerpo, empecé a sentir un rechazo interno hacia todo tipo de sustancias, tenía una sensación nauseabunda hacia todo lo ke me rodeaba. Me rekosté saturado y satisfecho en medio de mis ultimas alucinaciones a la espera del milagro y si no hubiese sido por ese ser enkapuchado de rostro pálido y kadavériko ke interrumpió mi desesperado sueño de libertad, hoy te juro ke volvería con esa pendeja ke una vez me dijo: “Llegué para kambiarte la vida”.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)



1 comentario:
exelenet texto .. me senti alñudido su resto ..
de kien es??
Publicar un comentario