La muchedumbre de huelgistas iba llegando, el pueblo bullía de animación. Entre el tumulto de gente hormigeando por las kalles, se podian leer letreros. Y así mismito no más era. Porke entierrados de pies a cabeza los huelgistas llegabamos kantando y gritando. Y el Torrente de gente no paraba. La huelga habia prendido komo un regero de polvora, agloemrados en las kalles del pueblo, avivando la huelga. Hombres de distintas razas y nacionalidades, se unían ahora bajo una sola y únika bandera: la del proletariado. Entre encendidos diskursos ke hablaban de justicia y redención social, diskursos ke nos inflamaban el espiritu dela necesidad urgente de romper kadenas, kitar vendas y liberarnos de una vez y para siempre del opresor yugo kapitalista. Kon voz de profetas desatados, estos arengadores vaticinaban elokuentes y rotundos sobre lo brillante ke se veia emerger el sol del porvenir en el horizonte del proletariado. Y Era lindopara nosotros oir todo akello y vernos unidos en pos de las reivindikaciones tanto tiempo esperadas. Era emocionante hasta las lagrimas ver a los operarios unidos komo un solo pueblo, komo un solo hombre, luchando en kontra del mismo y komun enemigo: los rapaces oficineros ke nos explotan sin eskrupulo ni moral alguna, y, por supuesto, sin ningun kontrol del Estado.
Hernan Rivera Letelier - Santa María de las flores negras.
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